Por Rocío Magro, Supervisora de Cuentas en MZ y Psicóloga.
Fuera de la agencia, como todo el mundo, tengo mis hobbies. El mío es el teatro, aunque tenga que confesar algo un poco ridículo: subirme a un escenario me da un pánico horrible. Así que, en vez de resignarme a verlo desde la butaca, hice lo más lógico que se me ocurrió: juntarme con gente que lo adorase tanto o más que yo y montar nuestra propia asociación de teatro. Así nació Anaideia Teatro, hace ya dos años.
De la idea al escenario
A pesar de llevar dos años abiertos, este ha sido el primero, con Sueño de una Noche de Verano, en el que hemos conseguido representar ante un público más o menos conocido. ¿Por qué tardamos tanto? No fue la falta ideas que llevar al escenario. La elección del producto, en nuestro caso, se resume en todo aquello que se pueda adaptar y no tenga derechos. Lo difícil fue montar todo lo de alrededor: dónde ensayar, representar, guiones, escenografía… todo eso que nadie ve desde la butaca.
Ahora que ya tenemos el chiringuito montado, solo nos falta llenarlo de gente, a poder ser que no nos conozca todavía. El boca a boca nos ocupó las primeras butacas, pero no es suficiente para llenar una sala durante mucho tiempo. Por eso este septiembre arrancamos con un nuevo objetivo, que también da un poco de vértigo: dejar de depender solo de quien ya nos conoce y llegar a gente nueva. Porque si algo tenemos en común, tu lector, es la certeza de que tener un buen producto y que la gente lo compre son dos cosas que no tienen por qué ir de la mano.
Cómo comunicar con el cinturón bien apretado.
Nuestra asociación se sostiene sobre tres pilares: pasárnoslo bien, aprender un poco de todo y tener que ajustarnos el cinturón todo lo que haga falta. Con esta premisa, conseguir nuestro objetivo es mucho más difícil dado que no podemos permitirnos campañas de publicidad (ya sean grandes o pequeñas). Todo se juega en redes sociales (en orgánico claro), todo un reto sabiendo cómo funciona el algoritmo
Para alimentarlo, tiramos de creatividad, nuestro móvil y mucha paciencia. En teatro la gente quiere ver realidad, tanto en el escenario como entre bambalinas, así que tocó perder la vergüenza para conseguir ese contenido “cercano”, “real” y “diferente” que tanto escuchamos en la agencia. Es más lento de hacer, pero es el único que suena a verdad.
Aceptar esto implicaba que detrás de cada publicación habría mucha gente implicada: nuestro dramaturgo, que en su tercer café de la mañana propone otra idea loca; los que no se pierden un ensayo con tal de poder grabar; y todos los actores que en sus horas libres han tratado de aprender alguna herramienta para montar un carrusel decente. Todos trabajamos a una para sacar algo chulo, aunque siempre me queda esa espinita de si estaremos trasmitiendo bien lo que somos como grupo.
Todavía no tengo la anécdota del cartel que salió fatal ni la de la función a la que no fue nadie, y ojalá no la tenga nunca. Pero sí tengo clarísimo dónde está la dificultad de verdad este año: no es hacer teatro, es hacer una buena comunicación con muy poco. Y eso es algo que veo de lunes a viernes desde el otro lado, cuando somos nosotros los que nos dedicamos a dar voz a los distintos proyectos de nuestros clientes: por distintos que seamos el problema se repite constantemente, tener algo bueno que contar y no saber cómo llegar a quien no te conoce.
Me pregunto cuántos proyectos como el nuestro se quedan atascados justo ahí. Y me pregunto también si la respuesta de verdad no será currar más horas por intuición, sino aceptar que ese hueco, por pequeño que sea el proyecto, hay que llenarlo con un equipo que sepa realmente de que va esto.