Por Nerea Collado, ejecutiva de cuentas y social media specialist en MZ. En mi vida pre-pandemia fui maquilladora profesional para producciones de cine y televisión.
Hay algo que llevo tiempo observando y que cada vez me inquieta más. El autocuidado ya no se siente como descanso, sino como tarea pendiente. Como otra lista que cumplir.
Lo digo desde dentro. Después de pasar años maquillando rostros y ahora trabajando en crear contenido y campañas en redes sociales veo de cerca cómo se construye la imagen… y cómo se consume.
Hoy el autocuidado se ha convertido en contenido. Rutinas de diez pasos, piel perfecta al despertar, niñas hablando de activos como si fueran imprescindibles. Y no, el problema no es una crema. El problema es el mensaje que repetimos: que siempre hay algo que mejorar.
A veces lo pienso desde algo muy simple. A los adultos ya nos cuesta encontrar tiempo para descansar de verdad. ¿Cómo va a ser sostenible que además tengamos que cumplir con todas esas rutinas virales? Si para nosotros es agotador e incluso dañino para nuestra autoestima, imagina para un niño.
Yo recuerdo que, cuando era pequeña, nuestra única “rutina” antes del colegio era lavarnos la cara y desayunar viendo nuestros dibujos favoritos y salir corriendo para no llegar tarde “con suerte de que llevar la coleta bien hecha”. Hoy en día veo videos de niñas que se despiertan dos horas antes para ir “perfectas” a clase y a veces con ayuda de las madres.
Se está hablando de prohibir las redes a menores de 16 y sinceramente no sé si la solución es solo prohibir. Pero sí sé que necesitamos educar. En colegios, en casa, en las propias plataformas. Hay que explicar que muchos vídeos no son espontáneos, que detrás hay acuerdos comerciales, y que no todo lo que ves es necesario para estar bien.
Porque cuando un niño aprende demasiado pronto que su cara necesita de productos para verse como debería, algo no estamos haciendo bien.
Desde la agencia lo hablamos mucho. La publicidad influye y si influye, tiene que hacerse con responsabilidad. Comunicar con claridad, segmentar bien, no convertir la inseguridad en una estrategia que a la larga hace mal a los consumidores.
Cuando hablamos de menores y redes sociales, no es solo cuestión de lo que consumen, sino de lo que nosotros decidimos mostrar.
Por eso, quienes creamos contenido y quienes estamos detrás de las marcas tenemos una responsabilidad real. No todo vale por visibilidad ni por ventas. Hay mensajes que influyen más de lo que pensamos.
Si sabemos que lo que publicamos puede afectar a la autoestima de quien lo ve, especialmente si es menor, entonces comunicar con claridad, honestidad y criterio no es solo parte del trabajo… es parte del compromiso.
